Me desintegraré.
Se esparcirán mis células en el mar,
y allí, apartadas unas de otras,
ya no se reproducirán.
Así:
no quedará nada de mí.
Volveré a la tarde en que nací.
Y entre partículas de recuerdo
se evaporarán los restos de lo que fui,
lo que no fui,
y lo que siempre estuvo al alcance de mí.
Nada sobre el cemento de la calle frente a la casa en donde nací.
Charcos sin ranas,
luciérnagas sin alas
y lunas gigantes
habitando otras galaxias.
En esta no queda ni rastro de soles.
Los asteroides que pasan a mis lados
esquivan mundos en donde no habita el agua.
No habita la palabra.
No queda nada de la sangre derramada
de luchas y conquistas y desamores.
La sangre llama;
y el polvo,
en estrellas,
se disuelve
en tiempo
y en vacíos
de oscuridades.
La mirada herida;
la voz perdida.
Todo es negro.
Seremos sólo eso:
nada,
y lo perdido.
Todo lo que ocurre alrededor
es en vano.
Así que me iré esta noche.
Dormiré,
sólo un rato.
Víctor Daniel López
< VDL >

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