Este libro me habló desde que lo abrí en una librería de editoriales independientes y me sumergí en un párrafo tomado al azar, por la mitad. Fue de esas veces en que los libros eligen a uno. Al final, terminé descubriendo una sorpresa grande y maravillosa, una novela por una escritora escocesa ganadora del premio PEN Ackerley en 2017: Amy Liptrot. La historia es sencilla: una mujer que lucha contra su alcoholismo y el pasado de su infancia sufrida por la neurosis de su padre y la afectación familiar que esto conllevó. La historia es brutalmente profunda: las propias memorias de Amy y la cruda verdad, sin mentiras, a una voz sincera que nos comparte cómo estuvo a punto, varias veces, de perderlo todo. Amy es esa mujer que ha llegado a tocar fondo en su relación con el alcohol. Noches perdidas en Londres, andando de madrugada sin rumbo, sonámbula de noche y de día, llenando el trago una y otra vez para no dejarlo ir, para sentirse siempre en ese estado que la aleja de las sombras y dolores del pasado. No volver a ser consciente de quién es ella, es lo único que quiere. No sabe amar. La soledad es su refugio, pero también su monstruo. Perdida en la vida, se aleja cada vez más de sus orígenes: Las Orcadas, aquellas islas que forman el archipiélago al norte de Escocia, y que describe en su narrativa con una prosa magistral para envolvernos de humedad, asfixiaros para luego volver a respirar, llevarnos al mar en donde podemos ser testigos también de como emergen a la superficie las marsopas. Nos comparte las leyendas nórdicas que abundan en los restos hallados al fondo del mar, en los acantilados, como fiordos, que se elevan y en donde se contempla el horizonte. El ruido del viento, el silencio al crepúsculo, y la lluvia que arremete contra las casas como las olas contra las rocas. «En islas extremas» vemos una narración personal poderosísima que habla sobre la reconciliación. La libertad que encuentra la protagonista en la vuelta al hogar, en el simple acto de nadar en las frías aguas del océano, o en su búsqueda del rey de codornices. Será testigo de las alegres danzarinas, la magia que en aquel lugar recóndito del planeta ilumina los cielos de los colores verdiazules de una aurora boreal que trae esperanza. La lucha por estar sobria, la batalla ganada y las nuevas cosas que en lugar del alcohol ha hallado, ha aprendido a ver, le han dado una satisfacción más grande, y segura. Estas son las confesiones más íntimas y hermosas de un adicto. Te quiebra, te hace compadecer, pero al igual que Amy, te hace querer luchar por encontrar tu propia libertad.
Víctor Daniel López
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