Yo no tomaba whiskey. Hasta que vi Mad Men. La clásica serie que pasó a la historia y marcó un hito en la televisión. Había visto antes Los Soprano, considerada por muchos como la mejor o de las mejores series de siempre. Y apenas tuve oportunidad hace poco de ver y terminar Mad Men. No sabía que el guionista había sido uno de los mismos escritores de la serie sobre gangsters de los que era imposible no empatizar con ellos y terminar queriendo estar de su lado. Pero después lo entendí todo. Descubrí una de las series más magistrales que jamás haya visto. Todo en ella es perfecto. Una estética que es capaz de hipnotizar en cada cuadro, y que conforme avanzan las temporadas, se hace más pulcra, más limpia, más detallada. La estética sobre la que, pocos años después, tomaría como referencia Vince Gilligan para su también exitosa «Better call Saul». Nada es casual, todo tiene un por qué. Y esa banda sonora poderosísima hace un extraordinario maridaje tanto en escenas impactantes como en otras que desgarran el corazón. La historia que gira en torno a una agencia de publicidad y sus directores y ejecutivos nos hace más que hacernos ver inmersos en aquel mundo, no sólo de mercadotecnia, sino de relaciones, de negocios, de despilfarro, excesos, traiciones y engaños. Ambientada en los sesentas, regresamos a una época en la que el marketing se consolidaba en los espectaculares y anuncios en revistas y periódicos. Después llegó la televisión. Vemos las campañas para diferentes empresas de distintas industrias mientras corren las décadas y sucesos más importantes de Estados Unidos, como las elecciones de Kennedy, y su asesinato, o el de Martin Luther King; la revolución cubana o la guerra de Vietnam. Mientras tanto, en las oficinas de ese edificio suceden sus propias guerras: las luchas por contratos multimillonarios, la ambición de llegar a la cima y ser los únicos que están allí. El poder, la avaricia, y la pérdida. Las deudas y los hogares que se disuelven a consecuencia de todos los excesos. Personajes icónicos con actuaciones estelares del cine y la televisión. Todos son perfectos y nadie sobra. También están los secretos que se esconden, pero que, como todo, terminan por ser revelados porque su peso es demasiado como para cargarlos toda la vida. En Mad Men el whiskey pasea por toda la oficina, en cada pasillo. Para celebrar. Para desahogar las penas. Para ser creativos. Y es que de eso trata la serie: sobre la creatividad. En todas sus formas, para lo bueno y lo malo. Y también sobre la autodestrucción, dentro de un mundo en donde, como lo es el marketing, todo es engaño. Todo es falso. Y entonces uno se pregunta… ¿para qué?
Víctor Daniel López
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