Un vendaval llegó a devastar las casas en el pueblo,
arrasó las tejas, las tablas,
entró por las ventanas
llevándose todo a su paso:
lo encontrado y lo perdido,
la belleza y la tragedia.
Somos ahora lo que no fuimos
volando sobre aviones hechos de papel.
El aire es nuestro enemigo,
perdiendo cartas que nunca habrán de llegar;
todas las piedras,
fuerte vendaval,
sumergidas en donde yacen las ballenas.
Perdimos todo el equipaje;
ahora sólo resta el canto del mar.
Víctor Daniel López
< VDL >

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