Todos se van,
y uno queda solo.
Expuesto
a la tarde de domingo.
Malditamente muerta
e insoportablemente sola.
Se queda uno en silencio
mientras cae la lluvia
y llega el cansancio insomne.
Pasa la resaca como barco de madrugada en horizonte.
La soledad más honda se siente.
Ahoga y quema.
Pronto empezará un lunes cualquiera.
Uno más.
Y uno retrocede:
siempre al pasado.
Así, en este domingo
de melancólica resaca,
mientras yace el alma
cansada y moribunda:
estás tú
bajo los escombros.
Y en la soledad de la caída de la tarde,
al llegar la noche en su frío silencio,
apareces y desapareces,
como estrella titilante
a punto de morir.
Entonces, sólo entonces,
siempre,
recuerdo que te extraño.
Víctor Daniel López
< VDL >

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