Impactante. Desgarradora. Brillante.
Cinematografía pura. Oppenheimer es un parteaguas en la historia, marcando un antes y un después de cómo se hace cine. No hay un género. No es histórica, no es terror, no es drama ni ciencia ficción. Es algo nuevo, capaz de mantenerte por tres horas al filo del asiento casi sin respirar, quieto, robándote el aliento, robándote la atención, poseyéndote. Llevándote lentamente hacia donde Nolan quiere. Seductor de emociones y de mentes. Eres suyo, no hay más, todo alrededor desaparece. En las salas de cine, repletas de masoquistas, habita el silencio. Se ha fundido en una pequeña partícula que flota en el aire y de la cual todos somos parte. El sonido y el silencio. El color y el blanco y negro. Diálogos potentísimos que serán recordados, y con suerte, tendrán un impacto (pequeño o grande, pero un impacto). Y una banda sonora que eriza, te envuelve, flotas y caes sin advertirlo de golpe. Lloras, y te lamentas por llorar. Te cautivas y pides perdón por dejarte embellecer. Todos los elementos, reunidos, logran que sea una obra de arte. Es arte, pero al final, no terminas siendo indiferente. Te conmueves. Te enfureces. No logras desatar el nudo amarrado en tu garganta. Te quemas de impotencia.
Oppenheimer refleja el mayor mal de la humanidad. El poder del ego y su fuego capaz de arrasar con todo a su paso: hasta las palabras y los recuerdos. Una obra para reflejar la oscuridad y la desgracia en ella. Un discurso para generar conciencia, sobre todo hoy que, pasados los años de la tragedia de la bomba atómica, seguimos viviendo tiempos nucleares. Los países hacen caso omiso a científicos, intelectuales y humanistas que ignoran las advertencias de la catástrofe resultante de seguir involucrando al mundo en guerras sin sentido con armas masivas de destrucción. La guerra entre Rusia y Ucrania se convierte en una amenaza nuclear. Corea del Norte presume en un mega desfile sus nuevos misiles nucleares. Estados Unidos, con su hipocresía al abogar por la no proliferación de armas, sale en los resultados de un estudio como uno de los países con mayor impacto radioactivo de pruebas nucleares. La rueda sigue girando, y hoy, más que nunca, es tiempo de darle la importancia que de verdad merece. Estamos en un riesgo alto, debemos detenernos. Por eso debemos decir basta, no más, paren las armas nucleares.
Y como fiel creyente del arte y las palabras para revertir la conciencia, los pensamientos y emociones, para cambiar de direcciones, recupero el texto del discurso que García Márquez dio en la Cumbre del Grupo de los Seis en México 1986, con motivo del Día Mundial de la Paz, llamado “El cataclismo de Damocles”:
“… y no sólo de la inteligencia humana, sino de la inteligencia misma de la naturaleza, cuya finalidad escapa incluso a la clarividencia de la poesía. Desde la aparición de la vida visible en la Tierra debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos, a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor. No es nada honroso para el talento humano, en la edad de oro de la ciencia, haber concebido el modo de que un proceso multimilenario tan dispendioso y colosal, pueda regresar a la nada de donde vino por el arte simple de oprimir un botón. (…) Con toda modestia, pero también con toda la determinación del espíritu, propongo que hagamos ahora y aquí el compromiso de concebir y fabricar un arca de la memoria, capaz de sobrevivir al diluvio atómico. Una botella de náufragos siderales arrojada a los océanos del tiempo, para que la nueva humanidad de entonces sepa por nosotros lo que no han de contarle las cucarachas: que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad. Y que sepa y haga saber para todos los tiempos quiénes fueron los culpables de nuestro desastre, y cuán sordos se hicieron a nuestros clamores de paz para que ésta fuera la mejor de las vidas posibles, y con qué inventos tan bárbaros y por qué intereses tan mezquinos la borraron del universo”.
Es tiempo de detenerlo. NO A LA GUERRA NUCLEAR.
#NoGuerraNuclear
#NoMasBombasNucleares
“Mother do you think they’ll drop the bomb?
Mother do you think they’ll like the song?
Mother do you think they’ll try to break my balls?
Mother should I build a wall?”
Víctor Daniel López
< VDL >

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