Un hermoso y poético viaje por la nostalgia. Margaret Atwood nos lleva por un recorrido en décadas en la historia de Canadá, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los ochentas, con la llegada del arte contemporáneo. La infancia de Elaine en una peregrinación familiar, en donde siempre fueron nómadas, nunca sedentarios, yendo y viniendo de allá para acá, bajo la oscuridad de la guerra, las bombas, la huida. La infancia de la mano de su hermano Stephen (heroico homenaje a Hawking), los juegos de niños, inocentes e interminables a las tardes de verano; las canicas que parecían ser ojos de gato, y si uno veía muy de cerca y dentro de una, alcanzaba a ver su pasado reflejado en ella.
Observando los años de Elaine somos testigos de todos los sucesos, importantes y banales, que fueron formando su personalidad. La pérdida de la inocencia, las amigas que, después descubrió, solamente se aprovechaban de ella hasta ser víctima del bullying. Las travesuras y los primeros sentimientos descubiertos en la adolescencia. La pasión y el erotismo. La traición. La relación con sus padres y su hermano, el incomprendido y apasionado del universo y las estrellas, y a quien le depara un trágico final. El viacrucis hasta lograr estabilizarse. Y su relación tóxica con la ciudad de Toronto, siempre caótica y ciudad en la que nunca se halló porque nunca pudo congeniar. Nunca fue una ciudad para ella.
La vemos crecer, convertirse en mujer, hacerse artista. Y entonces, somos víctimas de sus propios recuerdos y la nostalgia. Melancolía que se puede ver traducida también como un síntoma primerizo de una depresión. La soledad y la confusión. Nos habla también de su profesión y el ambiente en el que se rodea entre el arte contemporáneo. Las relaciones que fracasaron y los hombres en donde jamás halló el amor. Atwood nos regala esta historia conmovedora que va a paso lento, pero que justo por ello hace que uno disfrute más el paisaje, para también conocer muchas más cosas de ella. Es una obra personal. Y por eso termina siendo tremendamente hermosa y poética.
Víctor Daniel López
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