Te empiezas a filtrar
como aire de verano
bajo mi piel,
impregnando la humedad
de tus ojos tristes
en la noche de tu sal
y madrugada de mi ser.
Vienes en el sonido
de las hojas de los árboles,
la ventisca y la hojarasca;
las pequeñas lagartijas que se cuelan al jardín.
Empiezas a encenderte
como farola bajo la niebla.
Y una estela de luz se disuelve en los charcos
sobre las calles frías y desiertas.
Se ha ido el resplandor del ocaso,
pero siguen las sombras negras
de naranja disfrazadas.
Estás tú
en el ruido de este sentimiento
que ha quedado impregnado de recuerdo
y de vacío;
el silencio de la ausencia de tu risa
y las palabras nocturnas
que revolotean en el cuarto
chocando contra las ventanas,
las paredes,
reventando todas las lámparas.
Te empiezas a filtrar,
como el polvo o la suciedad,
como gotera y oscuridad,
sin cuidado de dañar el espacio
reducido que ha quedado
en los cuartos solitarios.
Te filtras,
poco a poco,
entre los escombros
de una casa
que yace abandonada.
Víctor Daniel López
< VDL >

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