Recién acaba de estrenarse el último capítulo de la serie «La maravillosa Sra. Maisel», dirigida por Amy Sherman-Palladino y quien ha ganado ya varios Emy por su escritura y dirección. Después de cinco temporadas nos entrega el final de lo que podría considerarse lo mejor de la comedia en la televisión. No hablando de sitcom, sino de comedia pura y verdadera, quizá hasta un homenaje al género que se levanta con los elementos más naturales que hacen ser a la comedia. Ambientada en los sesentas, la historia nos muestra a la protagonista que descubre, después de que su marido la ha engañado con su secretaria, un talento nato para ser monologuista tipo stand-up comedy, hablando así de su tragedia con un toque tan humorista que es capaz de que los demás se vean reflejados en ella misma. Y no sólo eso, sino que descubre su verdadera y total pasión: causar la risa de los otros; no sólo entretener, sino hacerlos reír, el arte de la carcajada, ir entretejiendo todos los hilos de la verdad y la tragedia para que puedan desembocar en un buen chiste. Además, lo que hace a esta serie especular es simplemente todo: su guion, la fotografía y la ambientación en la época, la música, las espectaculares actuaciones de Michael Zegen, Tony Shalhoub, Marin Hinkle, Kevin Pollak, Caroline Aaron, y las más brillantes, haciendo una mancuerna perfecta y adictiva, capaz de superar toda barrera en la construcción de personajes: Rachel Brosnahan como Midge Maise y Alex Borstein como Susie Myerson. Son cinco temporadas de comedia pura, cuyo estilo nos llega a recordar muchas veces a Woody Allen, y que se goza no solamente de las representaciones en escenario, sino de lo hilarante que va sucediendo alrededor. El avance narrativo, el desarrollo que se va originando de una toma de decisión tras otra, acciones entrelazadas que, como telar que une, lo dije al principio, nos muestra que todo tiene conexión, y que, para lograr llegar a la risa, no basta con que el final de un chiste haga gracia, sino los pilares y ladrillos que logran levantarlo, para que todo, aunque lleno de ironía, termine haciendo sentido.
Víctor Daniel López
< VDL >


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