Y el océano infinito de tus ojos
se vuelve horizonte
que atraviesa
sobre los hombros de un avión
todo el firmamento
llevándome al lugar
en donde se contempla un sol
-que no es redondo
sino infinito-
pintado de tus labios rojos.
Y las nubes
de todas las formas son
menos de cuerpos,
que éstos,
tuyo y mío,
aquí abajo,
de carne y hueso,
no de sombras,
se consumen de flores
que se hacen llover sobre la tierra
(y así resucitan todos los muertos).
Todo es el mismo suspiro,
y un viaje.
Un sueño.
Un latido que persigue su corazón.
Víctor Daniel López
< VDL >

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