Sé que no me van a creer las cosas que he visto
[ por más que diga y repita,
les de vueltas como a los vientos,
las esculpa en un juramento,
o me aferre a ellas como a las piedras en el océano ].
No me creeríais,
porque casi seguro, lo siento,
serás como el resto,
que se piensa que todo lo que digo
son cuentos que me invento:
bolas de nieve en invierno,
cosas que ni existen o que sólo repiten que yo miento.
Pero las he visto,
y sentido
[ el destello de todas las rosas ],
son reales, he sido testigo
de todas las cosas que me han sucedido:
estrellas fugaces atravesando del cielo a la nada,
meteoros cayendo al mar
o que van a perderse tras las montañas;
todos los colores en todos los ojos del mundo,
fantasmas a medianoche que prenden las luces
y seres extranjeros del universo que van asomándose por los espejos
[ agujeros negros que abren el tiempo para conducir a los sueños ].
He visto atardeceres que incendian el cielo,
incendiarse el sol, la luna incendiarse,
quemarse en rojo la mañana y tarde.
He visto objetos voladores de otras galaxias
que cambian colores y cambian de mundos.
Los mismos rostros en rostros ajenos,
y rostros distintos en el mismo cuerpo.
Mantarrayas cruzando el océano
y mariposas danzándome a mí entre rosales
[ libre en el agua, libres al aire ].
Peces poniendo sus huevas detrás de corales,
tortugas naciendo arrojándose a la infinidad del mar
y nidos de arañas impregnados a las hojas de girasol.
Todo lo que cuento,
esto y lo que dejo ahora,
la gente no me lo cree.
Todos los animales:
elefantes y perezosos, venados corriendo en el bosque libre,
luciérnagas de verano, tortugas gigantes y serpientes en mi jardín.
Todas las flores, todas las aves,
los ríos que he cruzado y los mares en donde he buceado.
Las mujeres de las que me he enamorado.
Nadie me lo cree,
piensan que fantaseo,
pero no es así,
puesto que no soy un hombre exagerado,
sino uno que es solamente apasionado.
Prepararles néctar a los colibríes
y ver cómo se acercan a beber de él.
He visto eclipses de luna
y eclipses de mar.
Tenido a la muerte ajena en mis brazos,
[ ver el último suspiro del alma irse ]
y sentir también el placer de la desnudez perfecta del cuerpo.
Duendes cobrar vida de noche y jugar a hacer bromas,
brujas recorriendo los cielos y las calles de una ciudad en sombras.
He visto el arte en su máxima expresión,
y haber sido víctima multitud de veces del síndrome de Stendhal.
He contemplado amaneceres en el desierto,
sentido la lluvia de un cielo que arremete contra la selva;
he saltado al vacío desde nueve mil pies de altura.
Y también, he visto al amor,
te he visto a ti, amor,
te he visto en mí.
He visto tantas cosas que la gente sigue sin creer que las veo,
se burlan de mis recuerdos, desafían mis juramentos;
y tal vez porque son resistentes,
no a la magia en sí misma,
sino a la propia belleza.
Yo solamente les digo que todo es posible;
que no se trata de suerte, o de estar loco,
sino sólo de mantener la cabeza siempre con la vista en alto:
al cielo, al horizonte, a las montañas:
atento a cualquier color, cualquier estrella, a cualquier palabra,
atentos al cóndor o al quetzal,
listos para salir, cruzar el cielo, aparecerse en mitad de la vida.
Estar atento,
siempre, en todo momento,
y entonces
dejar que las cosas sucedan, mientras uno también va sucediendo.
Víctor Daniel López
< VDL >

Deja un comentario