Juana I de Castilla, La Loca, enamorada y desamparada, a la que encerraron para quitarle poder, territorio y su cordura. A la que le hicieron creer, por sobre todas las cosas, que estaba loca. Alberto Demestres, compositor y guionista, estrenó esta ópera apenas hace dos años en el teatro Auditorio Manuel de Falla de Granada, y llega ahora ha llegado el estreno a México (y Latinoamérica) con la misma soprano, mexicana, de potente voz, y fenomenal, celebrando su vigésimo aniversario de carrera: María Katzarava. Única protagonista que cantará como una Salomé durante poco más de hora y media seguida, llevando la voz a un frenesí para desbordar las emociones de una mujer ya muerta que, en medio de un extenso monólogo poético-nostálgico-filosófico, se ve reflejada a sí misma de joven. El coro, respaldando su sentir, se eleva en picos que llegan a alcanzar el punto máximo de la fragilidad sensorial. La locura que va de la atonalidad a la tonalidad, y viceversa; fragmentos que parecen poesía con alusiones a la música medieval y a la barroca, incluso en alguna parte al bel canto. El momento de mayor belleza, de esa belleza que hace sacar las lágrimas: Juana, Katzarava, cantando a los pajaritos que la han visto llorar su bien y su paz, mientras privada de aire y de luz, va muriendo, apagándose, yéndose a la oscuridad perpetua.
Víctor Daniel López
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