Recorrerás nuestras calles y escucharás el eco estancado de nuestras voces. Caminarás por nuestros rincones y volverás a sentir el calor de un sol veraniego lejano, que no hubo muerto sino sólo marchado hacia otro lugar no alcanzable por el vuelo de las gaviotas ni de ninguna otra ave, donde no existen estrellas porque es el corazón de las estrellas mismas, el corazón del mar, el corazón del universo inmerso en la luz del infinito. Acariciarás los árboles, las amapolas y sacudirás al viento todos los pétalos de las más bellas flores que antaño desprendieron un aroma que era capaz de correr por los aires sin cadenas ni pasado y sobre las rocas. Te aferrarás de nuevo a las horas descalzas cuando veas el atardecer sobre la playa en la que solíamos platicar de todo y de nada. Te sumergirás bajo las olas, desnuda, deseando encontrar la estrella de mar que soltamos libre desde la barca con su deseo exorbitante de volver al hogar. Abrirás de nuevo los libros donde quedaron los poemas que escribimos juntos y los volverás a leer y volverás a sentir. Recordarás los días en que fuimos eternos, aunque haya sido por sólo un instante. Absorberás la sangre de las tardes muertas, te empaparás de la lluvia que solía juntar nuestros cuerpos, y mirarás al ocaso preguntándote a dónde es que se fueron los suspiros, cómo es que quedaron nuestros besos perdidos, cuándo será el día en que podremos volver a ser los mismos que fuimos.
Recorrerás las calles que tantas veces recorríamos y que las sabíamos como si fueran las palmas de nuestras manos. Pero ahora te sentirás perdida. Y, si careces de suerte, como yo, quizás sea que hasta ya ni encuentres una salida.
El agua se habrá evaporado para convertirse en rosa de nube.
Pero tarde o temprano volverá a caer, aunque sea solamente en una simple y pequeña gota.
Todo vuelve siempre a donde empieza.
Volveremos a ser libres.
Víctor Daniel López
< VDL >

Deja un comentario