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La gran belleza de la serie “The Young Pope”, Paolo Sorrentino

Paolo Sorrentino es uno de mis directores favoritos de siempre. Es un mago en la estética cinematográfica, un arquitecto de los mejores cuadros, simétricos y perfectos, gran somelier para maridar esas imágenes fruto de su obsesión con la belleza en conjunto con una banda sonora que siempre resulta de buen encaje con ellas. Un romántico, un hombre enamorado de la melancolía del ser humano al profundizar sobre las emociones que lo han llevado a un punto en la vida en donde justo se encuentra atorado en una crisis existencial. Y es que así suelen ser casi siempre los protagonistas de las historias de Sorrentino: personajes en búsqueda de la verdad. Tras grandes filmes como “La gran belleza” o “Juventud”, el director italiano intentó hacerla en el género de serie y es así que en 2016 nos regaló una exquisita obra maestra: “The Young Pope”. Con otro personaje perdido en su rumbo, uno más que creyó en todo sólo para después perderlo. Un hombre solo y roto: el Papa Pio XIII.

En diez capítulos, Sorrentino nos muestra la vida de un papa ficticio que recién ha subido al poder. Porque al final de eso es que trata la iglesia y el papado que gobierna, de una esplendorosa manía por el poder. “The Young Pope” nos muestra al papa más joven de toda la iglesia con ideas nuevas pero a la vez extremistas, con un discurso diferente al que nos han dado durante siglos, y que fuma y no puede beber otra cosa que no sea su coca dietética. Y no hay mejor actor para darle vida que el magnífico Jude Law, que tal vez sea este uno de sus mejores papeles de toda su carrera artística. Una actuación excelente, tanto, que en los primeros capítulos llegamos a odiarlo, pero hacia el final terminamos amándolo, como todos; y para la segunda temporada (“The New Pope”, su secuela apenas estrenada en enero de 2020) lo extrañamos y sólo esperamos el momento de verlo aparecer de nuevo, como si en realidad se tratara de un santo. Un papa egocéntrico, narcisista, pero que también tiene algo de razón en lo que dice, hace e impone. Controversial y provocador. Esa sonrisa burlona, su sarcasmo, esos ojos que se clavan en la mirada del otro para escanearlo y saber lo que tiene que saber de él sólo para así manipularlo. Esa rebeldía que la hace suya, parte de sí para poder cambiar a la iglesia, y tal vez el mundo. Pero también posee esa fragilidad que tienen todos los hombres de las historias de Sorrentino. Un hombre huérfano que nunca tuvo la oportunidad de conocer a sus padres y que será ese dolor el que lo arrastrará a un abismo de búsqueda sinsentido, a un dolor que nunca será capaz de mitigar. La etapa de su papado es también un reflejo de la búsqueda del ser, la reconciliación de uno mismo con su pasado, lo atroz de crecer y ya no ser un niño ni un joven, sino un hombre que lucha con sus demonios. Todos quienes ofrecen su vida para vivirla dentro del Vaticano es porque se sienten solos, dice algo así Lenny Belardo (Pio XIII); todos en cierto sentido han perdido algo. Y esa pérdida es la misma que hace a Pio, y a otros, dudar de Dios y la humanidad. Una humanidad también rota que cree nada más por creer, que caminan y viven como por inercia, porque se les dice “así ha de ser”. Hombres y mujeres perdidos buscando un líder religioso que los salve, una figura espiritual que les de amor y los perdone. Como dice Lenny, “amamos a Dios porque es doloroso amar a otras mujeres y hombres.”

The Young Pope” es un ataque a la iglesia y a la lucha de poderes que hay en ella. El cardenal Bernardo Gutiérrez (un estupendo Silvio Orlando) es muestra de ese Secretario de Estado encargado de toda la política exterior, las relaciones públicas y las estrategias para que todo siga funcionando en torno al beneficio siempre de la iglesia. La serie así es una representación de toda la mafia que radica allí y desnudando sin temor los temas a los que están tan ligados como la pedofilia, el celibato y la corrupción. La iglesia es política, nos grita la serie. Es un Estado, quizá el más poderoso de todos, y por tanto, el más peligroso. Vemos aquí una muestra de la traición y de los secretos que se ocultan dentro de las paredes del Vaticano, y que Paolo Sorrentino ha replicado con gran exactitud rincones suyos como la Capilla Sixtina, la Basílica de San Pedro o los Museos del Vaticano en los memorables estudios Cinecittà, donde antaño recrearon también la bella Roma directores como Rossellini, Fellini, Vittorio De Sica y Luchino Visconti. Cada escena de cada capítulo es una verdadera joya que nos regalará un placer tanto visual como emocional. Cada cuadro es estéticamente perfecto. Los diálogos llegan a tanto que parecen poesía. Y la música, termina de acabar con toda esa gloria. Ver a Jude Law con Diane Keaton, Silvio Orlando, Sebastian Roché, Javier Cámara y James Cromwell nos hace comprobar que el director gusta de trabajar con grandes talentos, actores pesados, aquellos que están a la altura y pueden dar todo lo que un guion tan bien escrito puede exigir.

La segunda temporada de la serie, “The New Pope” logra tener la misma calidad, con una actuación adicional e increíble de John Malkovich. Dos papas totalmente distintos pero igual de sufridos. Guiños no tan discretos a la historia papal de generaciones pasadas. Dos papas buscando revertir los errores de la iglesia, cada uno a su manera. Esta historia nos hace en cierto sentido apiadarnos de estas figuras que cargan con un peso con el que apenas y pueden, y aun así, soportar además el peso del mundo a sus hombros. Nos plantea nuevas formas en que la iglesia pudiera llevar sus cometidos, modernizándose y reformándose. Quizá esta serie tan sólo sea una carta para darnos a entender que no precisamente necesitamos de un líder o de una institución para creer en el amor. Porque al final, si caemos en ello, siempre se tratará de política, y cuando el amor cae en ella es que entonces deja de ser amor. Esta es una serie que en más de un capítulo nos hará llorar con escenas desgarradoras, con los bellos discursos sobre el amor, con la pena y la belleza, con los dolores que cada personaje carga, sus pasados y los miedos a los que se enfrentan esas personas tan solitarias por haber dedicado su vida a un Dios del que a veces llegan a dudar de su existencia. Esta serie es una verdadera obra de arte, y también necesaria para los tiempos de hoy.

Víctor Daniel López
< VDL >

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