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Concerto / Enigma Variations / Raymonda III Act

Como parte del repertorio de esta temporada 2019-2020 del Royal Opera House de Londres se está presentando “Concerto / Enigma Variations / Raymonda III Act”, tres obras que recorren desde la británica clásica hasta el ballet contemporáneo, sin dejar afuera, claro está, la majestuosidad de la maestría rusa en este arte. Tres ballets que han sido parte del repertorio casi obligado del Royal Opera, sin haber rivalidad alguna entre lo contemporáneo y lo tradicional, pues en ambos se puede apreciar la belleza y elegancia de los brazos que abrazan al viento, de las piernas pareciendo brincar entre nubes, y los pies firmes, pero ligeros, haciendo creer que el que está allá arriba en el escenario, no danza, sino levita. Levita para hipnotizar. Danza para el cielo alcanzar a tocar.

El primero de ellos, “Concerto”, es un ballet con coreografía de Kenneth MacMillan, creado en 1966. Un ballet contemporáneo y sin narrativa alguna, con el Concierto para Piano #2 de Dmitry Shostakovich, misma que compuso para su hijo en su cumpleaños número diecinueve. Una pieza abstracta y sofisticada, sin atrezo alguno más que la iluminación amarilla y naranja que da vida al escenario desde el fondo. No hay historia, no hay personajes. Únicamente el ballet y nada más. Para disfrutar cada movimiento y cada paso, contemplar el cuerpo humano flexionándose y haciendo el amor con la música, cuyo protagonista es el piano que va in crescendo. Un piano delicado y que requiere de un dominio impecable (la responsable de lograr esta bella armonía, que es la que parece inyectar de vida a los bailarines, es Kate Shipway). El solo de los dos bailarines principales en el segundo movimiento (Andate) es sublime, como totalmente de influencia romántica. Las primeras notas de ese principio, tan cercano a un Debussy, parecen inducirnos a un letargo en donde alcanzamos a morir un poco para tocar el fondo del alma de aquella música que va emergiendo para hacer flotar a los bailarines que nos muestran movimientos lentos y sofisticados, y que por eso quizá sean los más difíciles de ejercer. Es como ir subiendo una escalera que nos lleve al cielo, o atravesar una puerta que nos dirija al corazón del hombre. “Concerto” es una pieza para admirar la verdadera esencia del ballet.

El segundo acto fue “Enigma Variations” de Frederick Ashton. La composición musical es una serie de catorce variaciones, compuesta por Edward Elgar en 1899 y dedicada a «sus amigos retratados en ella«, pues en cada una hace un retrato de sus amigos más cercanos que lo acompañaron en un momento de su vida en que carecía de inspiración y dudaba de su talento. Quizá ésta sea una de las obras más conocidas de Elgar, y que más llaman la atención, quizá precisamente por ese enigma que esconde, pues aseguró el compositor hay un tema oculto que jamás sale a relucir, y lo único que dejan son pistas, sus variaciones, los perfiles que narra sobre la personalidad de cada uno de sus amigos. Así mismo es la coreografía de ballet (1968), cada variación es representada por diferentes bailarines que danzan y actúan de acuerdo con la personalidad que les dicta la orquesta, como lo es el tartamudo o el perro, o la esposa que acompaña al protagonista que no es otro más que el mismo compositor. La historia gira en torno a éste, que espera un telegrama en donde se le anunciará una resolución a su último trabajo; aguarda en casa mientras va recibiendo las visitas de sus amigos más cercanos. La puesta en escena refleja totalmente la británica clásica: el vestuario, la decoración, y hasta los movimientos y actuaciones de los bailarines. Un ballet divertido, lleno de júbilo y para disfrutar, con un grandioso y exuberante final. Este ballet fue precisamente presentado por primera vez en el Royal Opera House (Covent Garden) en 1968 por la misma compañía.

Por último, forma parte también de la presentación el tercer acto del clásico ballet ruso “Raymonda” (1898), del célebre coreógrafo Marius Petipa, sólo que la coreografía de esta versión es la recreada por Rudolf Nureyev (representada desde 1983 cuando ejercía de director en la Ópera de París). La música fue compuesta por Alexander Glazunov, y aquí presenciamos la danza típica tanto de Rusia, como de Hungría, en una historia en donde se refleja la lucha que el cristianismo tuvo contra en el islam. En este tercer acto, después de evadir Raymonda el intento de ser raptada por el caballero Abderakhman, y ser vencido éste por su prometido (en los dos actos anteriores), se muestra al fin la boda entre los protagonistas de la historia. Éste es un acto alegre y de celebración, con solos verdaderamente impresionantes, sobre todo aquellos de los protagonistas Raymonda y Jean de Brienne, pues sus actos son los que más fuerza y precisión requieren. Un cuadro que llega a su punto máximo con el cierre de todo el elenco digno de presentar esta joya, y que al caer el telón, el público no hará otra cosa que aplaudir de pie.

Concerto”, “Enigma Variations” y “Ramonda III Act” fue una gran selección para conformar una de las piezas que se estarán presentando esta temporada, a cargo de la compañía The Royal Ballet. No hace falta ir a Londres, hay cines que lo transmiten alrededor de todo el mundo. Y aún a distancias de millas, uno es capaz de sentir esa magia de la música y la danza en conjunción, para crear algo más grande, y bello. Algo perfecto.

Víctor Daniel López 
< VDL >

«Concerto» de Kenneth MacMillan
Second movement pas de deux (Marianela Nuñez & Rupert Pennefather, The Royal Ballet)

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