“Esta es la historia de cómo mi pueblo, Salem perdió la puta cabeza”, con esta frase comienza el filme que está causando controversia en todas las salas de cine donde se presenta: “Nación Asesina”. Dirigida por Sam Levinson, y basada en cierta forma en la novela “Las brujas de Salem” de Arthur Miller, el resultado de esta película es una excelente crítica al mundo virtual en el que hoy nos vemos envueltos, cargando con tanta hipocresía, superficialidad y odio entre todos los que somos partícipes de él. Recién estrenándose en México, “Nación Asesina” logrará hacerte sentir incómodo, sobre todo al reflexionar en que quizá los tiempos que ahora estamos viviendo, en medio de la tecnología y las redes sociales (parecidos más a un campo de batalla liderado por el anonimato) han hecho que retrocedamos y hagamos traer de vuelta los días aterradores de la Santa Inquisición.
Considerada como un suspenso de comedia negra, la historia cuenta cómo, literalmente, la gente del pueblo de Salem comienza poco a poco a perder la cabeza, debido aun hackeo masivo en todos los celulares de los habitantes, sacando así a la luz los más profundos secretos, las mentiras y engaños, dejando al desnudo algunas verdades que todos, sin excepción alguna, llegamos a ocultar a los demás. La primera víctima es el ministro de Salem, cuyas conversaciones guardadas y fotografías demuestran la infidelidad de éste con su esposa. El pueblo se indigna, lo ataca, lo ofende y pide su renuncia (cualquier parecido con la realidad, no, no es mera coincidencia, pues basta con voltear a mirar en cualquier red social y leer todos los comentarios ofensivos, de ataque y los linchamientos virtuales que se suceden todos los días por cualquier motivo, incluso sin saber con veracidad las noticias que allí circulan). Ante tal presión social, el ministro se suicida. Y no es ningún spoiler, sólo relato el comienzo del filme. La siguiente víctima es el director de la escuela principal, cuya información almacenada en su dispositivo también sale a relucir. La gente, como gran mayoría de los crítico-defensores-activistas virtuales que abundan y que crean las fake news o se dejan llevar por ellas, juzgan unas fotos, totalmente inocentes, de sus hijas cuando tenían apenas unos años, jugando desnudas (como cualquier padre o madre que guarda tales recuerdos) y le llaman pedófilo, vulgar, un puerco. Todo el pueblo le apunta con el dedo, lo señala, se creen ser jueces y hacen llover sus piedras. Pero lo interesante se pone cuando el hacker anónimo decide jugar ahora con los celulares de toda la gente, filtrando la información de todos, y causando, irónicamente, gran indignación y furia en todo el pueblo de Salem. Es entonces cuando comienza una lucha apocalíptica, en donde se muestra lo más degradado y animal que puede llegar a ser el hombre.
El desarrollo principal de esta película, que tuvo su debut en el festival de Sundance de este año, se centra en la cacería brutal y sanguinaria (parecida a aquella de las brujas en 1692) que busca al responsable detrás de aquel desastre, pues sólo entonces, al ser todos víctimas y estar sus vidas personales expuestas, ahora sí es que defienden la intimidad y privacidad a la que tienen derecho. El pueblo culpa a un grupo de chicas sin tener la certeza de que han sido ellas realmente quienes han hackeado todas las cuentas, y entonces luchan por escapar del linchamiento que se les viene encima. El pueblo ha enloquecido totalmente, y la situación se pone realmente enferma al salirse todo de control.
La realización de la cinta es exquisita, con un gran manejo de cámaras y de planos, con una fotografía deliciosa y una gran banda sonora que encaja perfecto con las escenas de fiesta, de alcohol, de sexo, demencia y sangre. Aunque pudiera parecer un poco estilo gore, la obra resulta un buen experimento y muy oportuna. Todos los elementos llegan a encajar perfectamente hasta convertirse en toda una experiencia, a tal punto que logra hacer sentir incómodo al espectador e inyectarle un terror psicológico que lo perseguirá por varios días después ser vista, y es que al ir analizando la película, uno llega a la conclusión de que la realidad actual no está muy lejos de la historia presentada, que está a punto de estallar una guerra en donde todos los posts, comentarios, imágenes, conversaciones, emoticones, memes y demás, logren convertirse en armas físicas para ya no solamente causar un daño emocional a la gente, sino se llegue a algo más grande y aterrador. Y llegará un punto en el que no podamos salir de este juego, un mundo que nosotros mismos hemos sido los que lo hemos creado.
Esta es, sin duda alguna, una película que absolutamente todos deberíamos de ver, y quizá sólo así, comenzar a hacer aunque sea sólo un poco de consciencia para intentar cambiar el rumbo que ha tomado la tecnología y las redes sociales, que han cambiado nuestra forma de ver y de comprender al mundo, que últimamente se dedican solamente a destruir, que nos alejan de lo verdaderamente importante, que nos han enseñado a mentir, a volvernos más solitarios, a meternos en las vidas de los otros, a presumir, a ofender, a juzgar y a criticar… en pocas palabras, a dejar nuestra esencia original y sacar lo peor de nosotros. Al final, vivimos en una gran farsa, una falsa ilusión virtual.
Víctor Daniel López
< VDL >

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