“Nada importa.
Hace mucho que lo sé.
Así que no merece la pena hacer nada.
Eso acabo de descubrirlo.”
Así comienza la novela de la escritora danesa Janne Teller, aquella que causó controversia en Francia, Noruega y en algunos otros países de Europa, censurándola por su temática fuerte, basada en la filosofía nihilista, y rescatando de ella fundamentos e ideas de Turguénev y Nietzsche.
La historia comienza cuando Pierre Anthon, un niño de primaria, decide justo el día antes de iniciar el curso escolar, subirse a lo alto de un cerezo para ya nunca volver a bajar, porque nada tiene sentido y nada importa, y puesto que también somos nada, entonces por qué no comenzar a disfrutar la nada desde ahora, argumenta. Sus compañeros, extrañados por esta conducta, le cuestionan, pero Pierre insiste en querer convencerlos de su pensamiento, de que todo es una farsa y de que todos somos actores mediocres en este gran teatro que es el mundo y la vida. Todo es una falsedad, una mentira, y todos nos la pasamos fingiendo día tras día. Nada tiene importancia si al final moriremos y sin ir a ninguna parte, todo desaparecerá, y nada de nosotros, ni una huella, quedará en el universo, divaga Pierre entre las ramas del cerezo, como si fuera un mono que ha dado con el más grande secreto del último paso en su evolución. Pero a sus amigos, entre más lo escuchan, más les enoja esto, pues ellos siempre han estado convencidos de que todo importa y que la nada ni siquiera existe; ellos quieren realmente hacer algo importante, ellos desean ser alguien, tener reconocimiento, fama, riqueza, dejar algo incluso para cuando ya no estén en vida, y para demostrar esto, intentan por todos los medios convencer a Pierre, de hacerle saber que está equivocado y que solamente es un pesimista chiflado. A lo que él les cuestiona: ¿Tanto les cuesta creer que nada importa? ¿Es que le tienen tanto miedo a la nada?
«Nada existe, si algo existe no es cognoscible por el hombre; si fuese cognoscible, no sería comunicable.»
Gorgias de Leontinos
Los días pasan y Pierre sigue viviendo en lo alto de aquel cerezo (árbol que en la cultura samurái japonesa representa la fragilidad y lo efímero de la vida), alimentándose sólo así de sus frutos (que, por igual, poseen el significado de la inocencia y el renacimiento que conlleva la primavera). Dedica sus horas a contemplar el cielo, pensando y no pensando, disfrutando del pasar del tiempo y del sumergirse en la gran inmensidad que es la nada. Entonces, el nudo principal de la obra es que comienza, al trazar los amigos del protagonista un plan que están seguro no fallará en hacer convencer a Pierre de que hay cosas que sí tienen valor en la vida, que sí importan. Deciden unirse para recolectar todo aquello que les representa gran significado, un valor personal al invocarles algún recuerdo o emoción: el primer casete de los Beatles, las tan queridas sandalias verdes con plataforma, la bicicleta amarilla tanto deseada, la primera muñeca. Es así como los amigos y compañeros de aula de Pierre van juntando alrededor de toda la historia lo que llaman su “montón de significado”. Pero, ¿por qué tanto escándalo si esto se asemeja más a una fábula para niños? Pues porque al comienzo, así parece, tan sólo un cuento que uno supone tendrá alguna bonita moraleja y que hará sentir bien al lector. Pero la cosa no resulta así. Conforme va avanzando la historia y se van agregando más cosas al “montón de significado”, empieza a tornarse escalofriante, pues el juego se vuelve peligroso al retarse los niños, entre ellos, a sacrificar la cosa que más les importa en la vida… Entonces es cuando deja de tratarse de muñecas, de balones y bicicletas; ahora comienzan a desafiarse con sacrificios de sus mascotas, de su propio cabello, la virginidad y con el desentierro del cuerpo del hermano muerto. Comienzan a agregar al “montón de significado” objetos sagrados, religiosos y hasta partes de cuerpos mutiladas, dando así un giro inesperado y sombrío que logrará hacer sentir incómodo al lector en repetidas ocasiones. Al final, la dinámica se vuelve una completa pesadilla para todos, mientras Pierre sigue en su árbol, abrazando cada vez con mayor fuerza la idea de la nada misma, y haciendo enloquecer más y más a sus amigos que pareciera que van descubriendo la verdad que poco a poco se va asomando y que no quieren ver.
La historia se vuelve entonces una exagerada búsqueda de sentido: de las cosas, del hombre y de la existencia mima. Una búsqueda dentro de esa necesidad que no solamente los personajes, sino todos nosotros, llegamos a sentir por querer encontrarle razón al estar aquí y ahora. Una búsqueda, quizá, hacia el centro del todo. Un viaje hacia el interior del ser humano, cargada de la pérdida de la inocencia, como también de la pérdida de uno mismo al intentar reencontrarse. La historia se vuelve una lucha asfixiante, sin sentido, repleta de emociones, obsesiones, de verdades y contradicciones.
Por último, cabe mencionar que esta obra de Janne Teller estará presentándose en su versión teatral en el espacio “El Granero” del Centro Cultural del Bosque, en la Ciudad de México. Esta adaptación se muestra completa y fiel a la novela, sin censura, y con un toque de sátira, pero que hace al espectador pasar inmediatamente de las risas al asombro y horror. Aunque se muestre en un estilo minimalista, las grandes actuaciones, como el guion bien trabajado, hacen que la imaginación de vida por completo al gore. Si estás dispuesto a sumergirte en la nada por un rato, sin miedo, y a correr el riesgo de al salir, reflexionar en que quizá Pedro siempre tuvo razón, no dudes en comprar tus boletos e ir a contemplar esta obra que, aunque un poco deprimente y fuerte, resulta por igual excelente y grandiosa. Se estará presentando hasta el 29 de julio, con funciones los jueves, sábados y domingos.
Víctor Daniel López
< VDL >
“Los días se parecen entre sí,
y aunque toda la semana esperamos el fin de semana,
éste siempre nos decepciona
y pronto es lunes de nuevo;
y todo vuelve a empezar.
Esa es la vida y nada más”

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