Recientemente se estrenó en Netflix la serie-documental “Los últimos zares” y que puedo decir es de lo mejor en su categoría que he visto dentro de esa plataforma (junto con “1994”, sobre Colosio). La recomiendo ampliamente, tanto para conocer la historia de principios del siglo XX de Rusia, como también para disfrutar de algo bien hecho. En seis capítulos se ve reflejada la última generación de los Romanov, desde la muerte de Alejandro III hasta la abdicación a la que se vio obligada Nicolás II, último líder de la dinastía Romanov, misma que llevaba gobernando Rusia más de trescientos años de los quinientos que representó todo el régimen zarista.
La “docuserie” comienza recién cuando Nicolás II sube al poder en medio de una crisis social y política, dentro y fuera de Rusia, siendo él joven y aún inexperto. Una serie de malas decisiones lo llevan al descontrol total del país y hasta de su propia gente, tanto, que lleva a la nación rusa a un periodo de terror, y tanto más, que incluso llega a nombrársele como “Nicolás, El Sanguinario”, debido a la brutal represión contra el pueblo y su imperdonable “Bloody Sunday” que terminó de cimbrar más odio en aquella sociedad ya de por sí resentida contra aquel imperio. La influencia de su tío maquiavélico, su hijo y único heredero del reino padeciendo hemofilia, la emersión de la Revolución Industrial que habría de acarrear con la peor pobreza y hambruna de Europa, las revueltas y motines sociales surgiendo en otras partes del continente, la presencia de quizá la figura rusa más enigmática, y después con una injerencia política asombrosa y que habría de conseguir un poder del que ya nadie le despojaría: Rasputín, “El monje loco”, aquel que se creía profeta y andaba proclamando que para que a Dios uno lo perdonara (y sólo así podría uno llegar a su reino), habría entonces de pecar mucho; inundado de vicios, sexo, y que incluso se rumoró llegó a tener una intimidad muy cercana con la zarista Alexandra, fue una pieza clave del desmoronamiento del imperio Romanov.
Todo ello se relata con un suspenso que va avanzando hasta llegar al clímax: La caída del imperio zarista a manos de la revolución bolchevique y el triunfo del socialismo. La narración gira en torno al misterio sobre Anastasia y la investigación para aclarar la afirmación sobre una mujer que andaba diciendo, años después, ser aquella hija del zar Nicolás, y por tanto, la única sobreviviente a la masacre que acabó con la familia Romanov en la “casa del destino especial”, en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918.
La serie está brillantemente bien hecha, conjugando, como nunca había visto, una recreación actoral bien lograda y apegada a los hechos, entrevistas y declaraciones de historiadores y especialistas en el tema, y un excelente material de archivo.
Víctor Daniel López
< VDL >


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